miércoles, 20 de enero de 2016
LA IDEOLOGIA LIBERAL: UNA NECESIDAD
El pasado 19 de marzo se cumplió el 200 aniversario de la aprobación de la primera constitución liberal española, conocida como la Pepa, que contribuyeron a elaborar asturianos ilustres y que tanta influencia tuvo en las constituciones de los países hispanoamericanos.
Es el deseo de esta nueva publicación digital contribuir, en la medida de sus posibilidades, a difundir, en Asturias y en el resto de España, las ideas liberales e intentar contrarrestar, con la razón, el análisis y los hechos, los mitos, tabúes y manipulaciones interesadas que existen sobre las mismas.
Los antecedentes de las ideas liberales aparecen con Locke, filósofo, médico, economista, padre del empirismo moderno y filósofo de la libertad, en cuya obra de 1690, “Ensayo sobre el Gobierno civil” se encuentra su pensamiento de la propiedad como un derecho natural derivado del trabajo del hombre y, por tanto, por encima del Estado, que no puede disponer arbitrariamente de ella, como no puede disponer arbitrariamente del trabajo, fuente del valor y de toda propiedad. Influyó decisivamente en los clásicos ingleses y sentó las bases de las corrientes de pensamiento basadas en la teoría del derecho natural -que tan denostado está en la España actual por los positivistas situados, fundamentalmente, en la izquierda política- que un siglo más tarde imperarían en la economía política inglesa.
Los diputados que elaboraron la Pepa fueron influidos por las ideas que se acaban de citar y no por las de la Revolución francesa, como desde el socialismo vienen diciendo desde hace décadas en España. Se puede decir que desde esa época todas las fuerzas antiliberales se combinan contra todo lo que es liberal.
A título de ejemplo se puede decir que las doctrinas que guiaron a los sectores dirigentes en la Alemania de finales del XIX y principios del XX, no se oponían, como señaló Hayek, al socialismo en cuanto marxismo, sino a los elementos liberales contenidos en aquél: a su internacionalismo y su democracia y cuando se dieron cuenta que estos eran los obstáculos para alcanzar el socialismo, los socialistas de la izquierda se aproximaron más y más a los de la derecha y fue la unión de los anticapitalistas de la derecha y la izquierda lo que expulsó de Alemania a todo lo que era liberal. Lo que vino después, es por todos conocido. “Nosotros somos socialistas…, somos enemigos mortales del actual sistema económico capitalista…El Estado burgués ha llegado a su fin” (Goebbels). Puede verse el paralelismo con lo escrito por Lenin, a las pocas semanas de la conquista del Palacio de Invierno: “…la maldita sociedad capitalista, estos miembros cancerosos y putrefactos de la sociedad…esta plaga que el capitalismo ha dejado en herencia al socialismo”.
El liberalismo se resiste, por igual, a la uniformidad de un tirano o de una oligarquía o de una plutocracia o de los monopolios, es decir a la uniformidad de lo que Tocqueville llamaba “del despotismo democrático”. La única uniformidad e igualdad que admite y fomenta es la igualdad ante la ley y la igualdad de oportunidades.
Alguien dijo que los liberales no queremos vivir del prójimo, ni tampoco ser esclavos del prójimo. El liberalismo no se centra en la economía –como utiliza profusamente el socialismo a modo de desprestigio propagandístico- porque si no queremos meter la mano en el bolsillo del prójimo, no vamos a querer cogerles el cuerpo, puesto que la libertad es un todo indivisible.
Es característico de todas las ideologías totalitarias y autoritarias protestar siempre contra la justicia meramente formal y atacar la independencia de los jueces, a lo que el liberalismo siempre se ha opuesto. Me atrevería a decir, siguiendo a Hayek , que un eficaz Estado de Derecho, con separación real de poderes, es más importante que el contenido mismo de las normas, siempre que éstas se apliquen sin excepción y a todos por igual.
El Estado es cada vez más intervencionista, por lo que una utilización eficaz de la competencia, como principio de organización social, excluye ciertos tipos de interferencia coercitiva en nuestras vidas, tanto desde el punto de vista económico como social.
Por todo ello es preciso fortalecer, cada vez más, la democracia liberal en nuestra sociedad sofisticada y postindustrial, porque es esencial que el acceso a las diferentes actividades esté abierto a todos los ciudadanos en los mismos términos, comenzando por la educación y el conocimiento en libertad –que no por el adoctrinamiento-, que la Ley no tolere ningún intento de personas o grupos para restringir este acceso mediante poderes disfrazados y de este modo evitar a toda costa que nuevos Moussolini, de todo signo, digan nuevamente: “Fuimos los primeros en afirmar que conforme la civilización asume formas más complejas, más tiene que restringirse la libertad del individuo”.
Hoy, en España y en el resto de Europa, partimos de la base de dar por segura nuestra libertad y nuestras libertades individuales y quizás deberíamos retroceder en el tiempo y empaparnos en las obras de los grandes pensadores políticos de la época liberal, como Tocqueville, Lord Acton, o yendo aún más atrás, con Jovellanos, Constant o Burke, generaciones para los que la libertad era aún un problema y un valor que defender. Nosotros al darla por segura, no advertimos dónde amenaza el peligro, ni tenemos valor como individuos ni los políticos como nuestros representantes, para librarnos de las doctrinas y la propaganda que la comprometen. En mi opinión, este es uno de los signos de la sociedad relativista, nihilista y decadente en la que vivimos, puesto que como señaló Kant: “el hombre es libre si tiene que obedecer a las leyes y no a
las personas”.
Florencio Fernández
mayo, 2012
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