domingo, 13 de marzo de 2022

LA CULPA DE LA INFLACIÓN EN ESPAÑA NO ES DE PUTIN Y LA PRÓXIMA BAJADA DE LAS PENSIONES, TAMPOCO.


Los gobiernos autócratas e incompetentes nunca tienen la culpa de nada y siempre  buscan a un culpable  y si es un enemigo exterior, miel sobre hojuelas. El de Pedro Sánchez, para justificar la  inflación desbocada que comenzamos a tener en España desde, aproximadamente, abril de 2021 debido, entre otras cosas, al incremento del  precio de la luz y que alcanzó, en el año 2021, el 6,5%, es Putin, debido a la guerra en Ucrania que comenzó hace 15 días y que al cierre de febrero ya está en el 7,6%. Miente más que habla, sin movérsele un músculo de su cara  rellena de  bótox .


El BCE acordó hace unos días que iba a reducir la compra de deuda de los Estados miembros para contener la inflación.  Esa medida afectará de un modo importante a España puesto que gran parte de nuestras emisiones de deuda pública (que ya alcanzan el 120% del PIB) para financiar el déficit las compra el BCE. ¿Eso que significa? Pues que o bien reducimos el gasto público (se estima que en toda la Administración  Pública Española hay  unos 60.000 millones de gasto ineficiente) para reducir el déficit que tenemos , es decir,  AHORRAMOS y se pueden bajar los impuestos,  vg. gasolinas y luz (más del 50% son impuestos) o acudimos al mercado para que nos financie, con lo que se tendrá que pagar un tipo de interés superior, porque el BCE lo tiene subsidiado  y, además,  por el incremento de los tipos. Eso implica, automáticamente, más gasto público y, por tanto, más déficit y más subidas de impuestos de acuerdo con la ideología del gobierno que padecemos. 


No existe empresa, familia ni Estado que pueda vivir indefinidamente por encima de sus posibilidades. Alguien dijo que , el socialismo se acaba cuando se agota el dinero de los demás. La frase tristemente célebre de que «el dinero público no es de nadie» de una Vicepresidenta de Gobierno socialista , para hacer creer que el dinero es como el maná que cae del cielo, refleja el sentimiento patrimonialista de cierta clase política con el dinero de los impuestos que pagamos los ciudadanos al Estado, comunidades y ayuntamientos. Nuestros padres y abuelos decían, y no eran economistas, que había que ahorrar y que no había que pedir prestado para gastar. Por tanto, lo que menos se necesita actualmente es que el gobierno  otorgue subvenciones o préstamos a organismos o empresas que no generan valor añadido y riqueza. Animar a gastar,  en estas circunstancias, con más préstamos o con subvenciones es como tratar de ayudar a un drogadicto que está en fase de recuperación dándole droga para que tenga menos dolor.


Para que una sociedad progrese los ciudadanos y el Gobierno deben ahorrar y en épocas de crisis aún más.  El ahorro puede entonces ser empleado para invertir eficazmente en activos a largo plazo que incrementarán el empleo, la riqueza de la nación y la de sus ciudadanos. Pero quizás en los tiempos que corren hablar de largo plazo, riqueza y nación no sea políticamente correcto.


Nuestra sociedad occidental, lleva lustros viviendo tiempos de cambios profundos que están afectando y afectarán, aún más, a nuestra forma de vivir. Un historiador francés contemporáneo, Vuillard, dijo que: "Las grandes catástrofes que hunden pueblos y continentes se anuncian poco a poco por la puerta de atrás" y debemos ir preparándonos para ello.