miércoles, 22 de junio de 2011

REGRESEMOS A LA ECONOMIA REAL

http://www.lne.es/economia/2009/09/01/regresemos-economia-real/802551.html

EL LIBERALISMOY LA LIBERTAD

La economía no consiste sólo en ahorrar o en gastar, sino en seleccionar y asignar eficazmente los recursos escasos de los impuestos de todos los ciudadanos y controlarlos

12.05.11 - 03:21 - EL COMERCIO
En el próximo año 2012 se cumplirá el 200 aniversario de la primera Constitución española, conocida popularmente como 'La Pepa' y en cuya creación participaron algunos asturianos liberales ilustres, que por defenderla fueron desterrados o tuvieron que ir al exilio. El liberalismo en España ha sido siempre despreciado, vilipendiado y perseguido hasta nuestros días por prácticamente la totalidad del socialismo, del nacionalismo y una parte de la derecha. Como señaló Hayek, socialistas hay en todos los partidos.
Se le acusa, entre otras cosas, de defender al gran capital, de egoísta, de ser neoconservador ('neocom') y de que lo único que se ocupa es de la economía. Todo ello nada más lejos de la realidad. Hemos de reconocer que esa campaña de propaganda, que viene de muy lejos, ha tenido éxito en España.
Es necesario desmontar la manipulación creada sobre la ideología liberal, porque el liberalismo es una ideología política y, por tanto, mucho más que económica, que nace a finales del siglo XVIII en Gran Bretaña, antes de la Revolución Francesa y uno de sus creadores fue el brillante y honrado parlamentario Edmond Burke.
 
Los principios básicos del liberalismo se pueden resumir del modo siguiente:
1.- La libertad individual y las libertades individuales
2.- Normas claras y comunes para todos y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley.
3.- El respeto a la propiedad privada.
 
La historia de los años 30 nos enseñó que en Alemania e Italia los comunistas, los nacionalsocialistas y los fascistas chocaban más frecuentemente entre sí que con otros partidos, pues competían por el favor del mismo tipo de mentalidad, por el favor del líder. Para ambos, el enemigo real, el hombre con quien nada tenían en común y a quien no había esperanza de convencer, era el liberal y ambos sabían que no cabía compromiso entre ellos y quienes realmente creían en la libertad individual.
 
Todavía existen muchas personas que opinan, interesadamente o por ignorancia, que la libre iniciativa individual y la libre competencia son iguales al 'laissez.faire' o a la anarquía. Y lo que el liberalismo defiende, como señaló Hayek, es que el acceso al mercado esté abierto a todos en los mismos términos y que la ley no tolere ningún intento de individuo, de grupos o de gobiernos, para restringir este acceso mediante poderes abiertos o disfrazados.
 
Estamos viviendo en España tiempos muy difíciles, tanto desde el punto de vista institucional como económico, tanto de principios como de valores éticos. Y el Gobierno y la oposición consideran, erróneamente, que si se soluciona la crisis económica habremos arreglado el resto de los problemas institucionales. Lamentablemente, es justamente al contrario: primero es preciso que la ley se ajuste a derecho, que exista separación de poderes y que se respeten en la práctica, que las leyes sean claras y se apliquen a todos por igual para que de este modo haya seguridad jurídica para poder aplicar la libre competencia y generar confianza en los inversores, tanto nacionales como extranjeros.
 
Necesitamos, como hace 200 años, regenerar nuestro sistema para que no desaparezca y para ello, como señaló Burke, «la libertad es un bien que ha ser desarrollado y no un mal que debe ser reducido» porque la elección cada cuatro años del partido de turno no asegura, necesariamente, la libertad individual.
Es urgente reformar nuestro sistema educativo, que, evaluación tras evaluación internacional, nos sitúa cada vez más en la cola de los países desarrollados y está creando -en general, desde que se implantó la Logse- masas acríticas de personas, que es lo que siempre han querido los liberticidas de todo signo, porque saben perfectamente que el conocimiento, la ética y la educación (que no la educación para el adoctrinamiento) hace libre y crítico al ser humano.
 
Necesitamos reformas económicas inmediatas en profundidad y no meramente cosméticas. Pero para ello el gobernante ha de tener un mínimo de conocimientos, no ha de mentir, ni manipular los datos económicos y, además, explicárselos claramente a los ciudadanos que no son menores de edad.
 
Hay muchos políticos y economistas que confunden las reformas económicas en tiempo de crisis con el simple recorte de gastos y en los capítulos más fáciles del presupuesto. En la verdadera economía pueden resultar esenciales determinados gastos e inversiones, porque la economía no consiste sólo en ahorrar o en gastar, sino en seleccionar y asignar eficazmente los recursos escasos de los impuestos de todos los ciudadanos y controlarlos. Por eso, las reformas han de llevarse a cabo lo más pronto posible, puesto que las reformas tardías -como se están haciendo en España y aún no se iniciaron en las autonomías, salvo excepciones, y los ayuntamientos- se hacen en un proceso de inflamación social. En semejante estado de cosas, los ciudadanos no ven en el Gobierno nada respetable. Ven el abuso, la manipulación, la injusticia y nada más, que es lo que, lamentablemente, está sucediendo en España, en Asturias y en Gijón.

domingo, 17 de abril de 2011

CUENTO DE NAVIDAD (Pan, fútbol y culebrones)

Érase una vez un viejo país llamado “X” que dirigía un cerdito llamado Napoleón y cuya secta había ido llenando a lo largo de los años de analfabetos secundarios, gracias a un sistema educativo que cumplió, pese a lo que muchos piensan,  muy eficazmente sus objetivos al formar masas acríticas e ignorantes, pero haciéndoles creer que no lo son.

Y así pasaban los días en esta arcadia de utopía, paz, felicidad, dicha sin límites, apaciguamiento a raudales, pero por encima de todo de sonrisa permanente y buen rollito.

Un buen día se produjo una gran masacre en “X” y Napoleón no consideró necesario que se supiera la verdad, quizás porque él ya la conocía, y no pasó nada. Para evitarlo comenzó a amenazar la libertad de expresión y tampoco pasó nada. Otro día enterró, definitivamente, a Montesquieu y hubo jueces y fiscales que comenzaron a prevaricar y a retorcer la ley, y continuó sin pasar nada. En un momento dado, Napoleón comenzó a rendirse, por etapas, ante los malos e increíblemente no sólo siguió sin pasar nada, sino que los analfabetos secundarios se le adherían inquebran- tablemente  (como dijo Kant, el hombre obedecerá a toda serie de amos si es esclavo, pero si es libre obedecerá a la razón). Pero llegó un día en el que la prosperidad de la arcadia comenzó a declinar y entonces los risueños y felices analfabetos secundarios fueron conscientes de que no existía, ni libertad, ni justicia, ni solidaridad, ni paz y acudieron en manada a protestar ante Napoleón y éste les respondió, eso sí, con la mejor de sus ensayadas sonrisas: CIUDADANOS, TODOS SOMOS IGUALES, PERO ALGUNOS MAS QUE OTROS. Y entonces se dieron cuenta algunos, no todos, de que la arcadia era una vulgar dictadura.

Y colorín colorado este cuento no sólo no se ha acabado, sino que, lamentablemente, acaba de iniciarse. Como señaló Orwell, “cuando los liberales comienzan a tener miedo a la libertad y los intelectuales no vacilan en mancillar la inteligencia” a los todavía ciudadanos de “X” que quieran ser dignos de tal nombre, sólo les quedan dos opciones, tomar partido hasta mancharse o, simplemente, marcharse de “X”.

lunes, 11 de abril de 2011

HERMANO SÁNCHEZ PÉREZ


Con este encabezamiento no tengo ninguna intención de ser original, pues Thomas Mann, en 1939, se lo dirigió a un individuo tristemente famoso. Lo que deseo expresar es lo que, en mi opinión, está significando el ejercicio del poder del  Sr. Sánchez en los últimos años.

Vd. Sr. Sánchez es el típico representante del hombre-masa que alcanza el poder, y que Ortega y Gasset describió en La rebelión de las masas, e irrumpe en una sociedad de la que se sirve como si se tratara de su finca, sin conocer sus premisas extraordinariamente complejas ni, por tanto, sentir el menor respeto por ellas, pisoteando la democracia liberal y retorciendo  el  Derecho y la Ley “como sea”, cuando no se adaptan a sus intereses, o para ser más exacto, utilizándolas para destrozar la democracia, la separación de poderes, la Constitución y el Estado de Derecho. 

Vd. Sr. Sánchez, desprecia las libertades individuales, que son la base de la creación, del conocimiento y de todo lo que tenga que ver con la verdad, la libertad y la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. No sólo es Vd.  un  antiliberal, sino que además no cree en el socialismo y muchos menos en la socialdemocracia, pues no quiere elevar a las masas, instruirlas, acercarlas a la ciencia, la educación y el arte. Vd. tiene la convicción de que resulta más fácil adoctrinarlas, jugando con su sicología; es decir empleando la propaganda y la agitación en lugar de la educación –aunque Vd. no tiene en esto el mérito de ser el creador, sino su continuador, pues  el Sr. González, con su  escudero el Sr. Rubalcaba elaboraron la LOGSE y sentaron las bases para crear los futuros “analfabetos secundarios” como señaló Enzesberger- y por lo que parece, con la aprobación implícita de las masas que, en el fondo, sienten que la propaganda les es más familiar, moderna y progresista, que cualquier idea educativa.

Vd. desprecia el racionalismo porque es un mitómano, o algo mucho peor, y eso siempre trae como consecuencia el asilvestramiento ético para dar paso, con posterioridad, a la ingeniería social y, por tanto, tratando de eliminar la verdad, la libertad y la justicia y de las tres ideas la verdad es la que más odia de todas y la sustituye por el mito –los heroicos republicanos españoles de izquierdas que luchaban por “la libertad y la democracia”, etc., etc.

Vd. Sr. Sánchez denigra, humilla, desprecia y traiciona a las víctimas del terrorismo, desde Fernando VII no se ha llevado a cabo en España felonía mayor, negociando con sus asesinos y con los golpistas para conseguir, al precio que sea, continuar en el poder.

Presumo que Vd. se ha dedicado a la política desde muy joven, porque se dio cuenta, o quizás su familia, de que no servía para otra cosa, como la mayor parte de los que le rodean y, probablemente, de ahí le vienen sus complejos de inferioridad, el resentimiento y el  profundo afán de venganza del inútil, del vago y del incapaz de trabajo intelectual (por todos es sabido cómo hizo su tesis doctoral)  o profesional alguno. Vd. es el hermano idiota, en el sentido etimológico del término, de una familia pequeño burguesa  al que tenemos que mantener entre todos los españoles, mientras nos arruina moral, institucional y económicamente.

martes, 29 de marzo de 2011

LA CONFEDERACION NACIONALSOCIALISTA CATALANA



El 28 de junio de 2010, pasará a la historia por ser el día en el que  España, el Estado-nación más antiguo de Europa con más de cinco siglos, dejó de existir jurídicamente como tal, al haber  fallado  el Tribunal Constitucional que el “Estatuto-Constitución” de Cataluña no era, “prácticamente”, anticonstitucional.

Los Tribunales constitucionales, independientes del poder político, son imprescindibles en los estados democráticos puesto que de ellos depende, en última instancia, que el Derecho prime sobre la Ley, pues ésta la aprueban los políticos en el Parlamento y por todos es conocido que la Ley no siempre es justa. En España, lamentablemente, dicho Tribunal no sólo no es independiente, sino que es un órgano totalmente político, hecho a imagen y semejanza de los partidos políticos y en el que siempre existe, además, un Don Opas (Obispo sevillano que intentó convencer a Don Pelayo, a instancias de los árabes para que se rindiese).

El fallo del Tribunal Constitucional significa que sin reformar la Constitución de 1978 (Hitler tampoco modificó la de Weimar) los españoles ya no somos todos iguales ante la ley, no existe seguridad jurídica, se han abierto las puertas a un estado confederal y al “yo más” del resto de las “taifas autonómicas”, todo ello con consecuencias futuras nada halagüeñas para el conjunto de los españoles.

Al escuchar al  Sr. Montilla, Presidente de la Generalidad de Cataluña, el mismo día en que el Tribunal Constitucional falló favorablemente más del 95% de los artículos de su “Estatuto-Constitución”, arengando a los catalanes a manifestarse en contra de dicho fallo porque son una “nación”, que él estaría al frente de la misma  con la bandera  y unido con todo “el pueblo”, no pude por menos que retroceder unos 80 años atrás y recordar que el nacionalsocialismo alemán tuvo como lema, “Ein Reich, ein Volk, ein Führer”, que trasladado al caso catalán sería: un imperio, los países catalanes formados, de acuerdo con sus reivindicaciones, por las  Comunidades  de Valencia y Baleares y la franja aragonesa; un pueblo, la doble acepción de Volk en el sentido radical/democrático y en el sentido racial se la pueden explicar al Sr. Montilla sus hijos pues estudian en el elitista Instituto Alemán de Barcelona;  un caudillo, ya aparecerá otro Puyol  más pronto que tarde.

Seguramente a algún lector le producirá hilaridad esta comparación, pero me gustaría señalar que la ideología nacionalsocialista se basa, entre otras cosas, en el mito y éste es pensamiento y acción, es creador de leyendas, permite al individuo vivir esta leyenda en lugar de vivir la historia, permite ir más allá de un presente detestable, armado de una fe que nada puede destruir. Y es en el campo donde el pueblo catalán (al igual que el alemán en los años 30 o también podríamos citar a los vascos, gallegos, etc.) conserva sus esencias invioladas porque están basadas en la sangre y en la tierra. Por ello, mito y racionalidad se oponen. Lamentablemente, la Iglesia Católica nacionalista siempre tiene un papel muy importante en estos movimientos. (Este Estatuto-Constitución tiene una serie de artículos que son antagónicos -aborto, eutanasia, etc.- con la doctrina de la Iglesia y aún no se oyó ni una sola crítica por parte de la misma o de algún sacerdote rural).

Ahora bien, lo que aún no aprendió la Iglesia nacionalista es que lo único que históricamente le ha importado  al nacionalismo del catolicismo no es la fe, sino las virtudes sociales –la disciplina, la castidad, etc.-. Es decir al nacionalismo no le interesa el “más allá” del cristianismo, sino el cristianismo como germen de un orden capaz de garantizar el futuro de “su civilización”.

Se debe tener en cuenta, siguiendo a Sternhell, que históricamente el nacionalismo “niega la evidencia de cualquier norma moral universal y absoluta: la verdad, la justicia, el derecho, sólo existen para servir a las necesidades de su colectividad. Es decir una visión de la sociedad concebida como algo cerrado y compartimentado, un antirracionalismo virulento, así como la primacía del inconsciente sobre la razón, tejen una auténtica visión tribal de la nación y éste es uno de los elementos esenciales constitutivos del fascismo, el nacionalismo tribal de la nación”. Para decirlo en menos palabras: la horda, la vuelta al primitivismo de la tribu en la que el brujo es ahora el caudillo carismático, utópico, e iluminado de turno, que en vez de hacer pociones mágicas posee el control, de diversas formas, de los medios de comunicación, en especial la televisión, para “espolvorear” su propaganda  y, de este modo, adoctrinar a “su pueblo”.

Sloterdijk señaló, que “el hombre no puede entrar en su horda como quien entra en un simpático club. La horda es más bien un club totalitario que genera sus propios miembros para socializarlos según las reglas del club, las cuales dan significado al mundo”. La ley de la horda es la reposición de la horda en su propio linaje (la sangre).

Las crisis institucionales son sensiblemente peores que las económicas puesto que para que exista el libre mercado, la inversión, la competencia y la creación de puestos de trabajo ha de existir un marco jurídico estable, con normas claras y de igual aplicación para todos y esto en España ya no existe, por lo que nuestra depresión económica, desgraciadamente, irá para largo por mucha propaganda con la que nos bombardeen.

P.S.- Este artículo fue remitido, en su día, a varios periódicos y no fue publicado, supongo que por autocensura.